El desaparecido sello Elseworlds de DC Comics era una oportunidad para crear historias que dejaban de lado las limitaciones impuestas por la continuidad o el canon oficial de los personajes de esa editorial. Todo estaba permitido, desde ubicar las historias en el pasado, histórico o alternativo, o en cualquier clase de futuro teórico, alterar a los personajes y su entorno, o cambiar su situación geográfica, incluso al espacio exterior o a mundos tomados del cine o la literatura, o crear cualquier combinación de todas esas variaciones.
Era una oportunidad para que los autores dieran rienda suelta a su imaginación y se divirtieran creando historias que de otro modo serían impensables. Y bajo esos parámetros, Batman: Book of the Dead, de Doug Moench y Barry Kitson, es uno de los mejores ejemplos de cómo era posible hallar nuevas formas de explorar personajes cuya historia no parece dejar espacio para hacer algo diferente con ellos. Aquí, un olvidado dios egipcio, una civilización extraterrestre, una cámara secreta bajo las pirámides y un misterio que podría salvar a la humanidad son los principales ingredientes de la historia.
