Los vampiros han sido parte importante de la cultura pop durante décadas, y su popularidad suele pasar por altibajos muy marcados. Por lo regular lo único que se necesita es que alguien tenga una idea fresca u original, o encuentre una forma diferente de contar sus historias para provocar que se vuelvan a poner de moda. Y algo así fue lo que pasó en 2002 cuando Steve Niles y Ben Templesmith lanzaron 30 Days of Night.
La premisa es bastante simple, y en buena medida a eso se debe su éxito, pues se trata de un concepto tan fácil de entender que con sólo escucharlo uno empieza a imaginar las posibilidades de la historia. Barrow es un pequeño poblado al norte de Alaska que durante el invierno es abandonado por buena parte de su población durante varias semanas, pues llega el punto en que el sol se pone y no vuelve a aparecer en el cielo por aproximadamente un mes, lo que crea el ominoso efecto de una aparente noche que dura 30 días, situación que da título a la historia.
¿Que haría una horda de vampiros al encontrarse en un lugar así?
